domingo, 28 de octubre de 2012

Nuevos Retos de la Catequesis Hoy


En la catequesis hoy podemos encontrar muchos aspectos que nos hacen reflexionar acerca de la manera como se está llevando a cabo el anuncio del evangelio y la experiencia de la Buena Nueva a nuestros laicos y a quienes pertenecen a la Iglesia universal.
Acerquémonos a 3 realidades que son puntos referentes en la catequesis: La palabra de Dios, la Fe y la Iglesia.
Hoy, la catequesis nos propone desmesuradamente la memorización de textos y de relatos evangélicos como si fueran fórmulas químicas o matemáticas, que mecánicamente se deben aprender, sin tener presente que esto desvía el objetivo de la palabra de Dios, y nos hace perder en el camino hacia la experiencia de interiorizar en nosotros el primer anuncia y la motivación que nos debe causar; y sucede que esto no despierta en nosotros el sentido y la admiración por la palabra de Divina.
Hoy poca prioridad le damos a los textos de las Sagradas Escrituras, y no descubrimos la riqueza de la Biblia, sus dimensiones y las riquezas que nos deben impulsar a una permanente contemplación del anuncio y del mensaje del evangelio.
Otro aspecto poco tenido en cuenta en la catequesis actual es la pedagogía que se debe usas con quienes van a recibirla, y en muchas ocasiones llegamos a extremos casos de renovación o de mucho anquilosamiento, y quienes van a recibir la catequesis paradójicamente, después de recibir cada sacramento, concluyen su vida y su práctica cristiana, sin tener el impulso a vivir y experimentar la aventura de adentrarse en la fe, lo que mueve a cada cual a creer, lo que hace que cada persona se sienta viva y útil para la iglesia, y lo que nos compromete a que el anuncio recibido, la palabra escuchada, sea puesta en práctica y que encienda el celo y el deseo en nosotros por la catequesis. Pero hoy sucede algo muy particular, y que este mensaje no se entrega bien, la fe en las personas cada día es mas variable y desafortunadamente, hoy no se experimenta la fe como algo fundamental, sino que al contrario, se va desvalorizando, se va degradando el concepto de fe en nosotros, y muchos llegan a perderla.
Hoy es fundamental, que cada persona que se presta al servicio y al anuncio de la buena Nueva y a la práctica de la catequesis, den testimonio de todo aquello que predican y enseñan, pues esto es parte del tercer aspecto fundamental de la catequesis y de donde quedamos inmersos al momento de ser bautizados en el nombre del Padre, Del Hijo Y del Espíritu Santo: la Iglesia.
El principal objetivo de la catequesis es presentar un mensaje que genere en quienes  la reciben, una convicción de evangelización y de reconocer la triple misión recibida en el bautismo: Ser Profetas, Sacerdotes y Reyes.
Pero quizá el problema más grande hoy en la evangelización y en la acción catequética, es la falta de comunicación y el uso indebido de instrumentos inadecuados de catequesis, lo que hace que esta quede denigrada, que se vea pobre y sin calidad, que no llegue a generar impacto alguno, y que en las personas pase desapercibida, solo como una propuesta eclesial, y no como una forma de vivir el anuncio del evangelio.
Antes estos aspectos, surgen muchas preguntas, pero la principal duda seria: ¿Como ha sido la formación pastoral que han recibido los catequistas?
Este es un cuestionamiento que debe responder a las necesidades de las comunidades, pues en muchos lugares aun se tiene la concepción de que la catequesis solo corresponde a Sacerdotes, Seminaristas, Entes y Comunidades Religiosas, y esto se presta para que los laicos cada vez más evadan sus responsabilidades, y hacerse a un lado para no ser vivos testimonios de la palabra proclamada haciendo que la evangelización no progrese, y quede nada mas como un tratado escrito, en vez de acercar a cada persona a la vida y realidad eclesial.
El entorno es un punto muy influyente y de especial cuidado, pues allí inicia la catequesis y sus manifestaciones pueden variar en concepto de la práctica cristiana.
La sociedad tiene mucha responsabilidad y es allí donde la Iglesia debe promover las dimisiones de religiosidad popular, puesto que el mensaje en gran parte se ve tergiversado y cada día en nuestras comunidades podemos observar la falta de una catequesis que alimente el espíritu y que nos indique los caminos adecuados a continuar con la vida eclesial.
Pero sucede que nos predisponemos con la Iglesia y sus manifestaciones diversas, a tal punto presentar una perspectiva relativista, donde solo es malo lo que a nuestro parecer consideramos malo, donde nunca reflexionamos desde un punto de vista eclesial, donde hay elementos poco profundos y nos da temor al compromiso, y somos simples esclavos de momentos de “impulsos” de fe, no proponemos cambios y somos en algunas ocasiones indiferentes a las diversas realidades en el entorno.
En algunas ocasiones nos hemos preguntado: ¿nos hemos esforzado lo suficiente por sacar la catequesis adelante?
Tal vez  si esta pregunta surgiera más a menudo nuestro mensaje llegaría mejor, causaría mejor impresión en los agentes a evangelizar, estaría siendo más requerido en nuestras comunidades, y cada vez suscitarían mas personas que se quisieran prestar al servicio de la catequesis.
Ahora es cuando los medios deben tener más eficacia y cuando el compromiso e mas grande de nuestra parte, pues estamos obligados a testimoniar y a transmitir el mismo anuncio que hemos recibid, y ser consientes de estar en constante estado evangelización.

DE LA MANO DE MARÍA CAMINANDO CON JESÚS



“La Virgen María avanzó en la peregrinación de la Fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la Cruz”.    Juan Pablo II
Al iniciar esta reflexión, acerca, de la encíclica Redemptoris Mater quiero hacer referencia al título y la frase que encabezan este ensayo,en el desarrollo de este documento el Beato Juan Pablo II nos invita constantemente a ver en María una Peregrina de la fe, que, como primeracreyente nos impulsa a dar el “Si” que Ella misma ha regalado a Dios en el momento de la anunciación. Por eso es María la que guía nuestro sendero y el conocimiento  de su amado Hijo acogiéndonos así a su voluntad “Haced lo que él os diga” que en ultimas es la misma Voluntad del Padre de quien Ella es humilde esclava.
Es importante reconocer en María la primera discípula que se entrega generosamente a cumplir el papel que Dios le ha encomendado en la historia de la salvación. Ser la Theotókos Madre del Verbo hecho hombre para nuestra Redención, como ya lo proclama el concilio de Éfeso. Debe pues la iglesia ver en María el culmen de la perfección, el consuelo para hacer lo que el Maestro diga, y sobre todo la iglesia debe empeñarse en imitar las virtudes de Aquella que es llena de gracia, y que vive para ser la Esclava feliz que cree en las maravillas que el Poderoso ha obrado en Ella, y que como buena Madre nos muestra los caminos de su querido hijo nuestro Dios y Señor.
María sobresale entre los humildes  y los pobres del Señor que dé El esperan la salvación, y  prevalece precisamente por ser la humilde Virgen de Nazaret  que es llamada Llena de gracia por el mensajero de Dios, gracia que es Don de Dios y emana de la fuente de la vida trinitaria de Dios mismo que es Amor, deben pues los creyentes cultivar en sus vidas ese Don proporcionado por el Altísimo para que nos hagamos santos como lo es El.
Remitiéndonos a la historia de la salvación ya María se prefiguraba por los profetas es la Hija de Sion, la que brilla como una estrella anticipando el sol de nuestra redención Jesucristo. Ella abandonándose en Dios se hace obediente a la fe y por esta ha concebido a Jesús en su mente antes que en su seno convirtiéndose en la primera entre las creaturas humanas admitidas al descubrimiento de Cristo, que con José vivía en la casa de Nazaret, en esta línea de tiempo María por gracia de Dios hace a Jesús participe de su carne y de su sangre dándole así una propia y verdadera naturaleza humana, de esta forma Jesús comparte nuestra humanidad en todo menos en el pecado como lo dice el Apóstol , y es lo que debe llevar a la Iglesia en cultivar su amor hacia la Virgen María pues ella en un acto heroico acepto no solo ser la Madre de Dios , sino que también al pie de la Cruz acepta el encargo de su agonizante Hijo de ser la Madre de todos los hombres y acompañarnos en este peregrinar de la Fe , del cual todos estamos llamados a seguir. Sin embargo María no solo acompaña a Jesús en su vida terrena, pues después  de su muerte y resurrección se une a los discípulos en la oración. En medio de ellos perseveraba en la oración como Madre de Jesús  o sea de Cristo crucificado y Resucitado.
La encíclica nos cuenta el desarrollo del peregrinación de la fe de María primera discípula , en la oración con aquellos que su Hijo había elegido , y es un ejemplo clave para la Iglesia pues debe estar unida en oración proclamando las maravillas del Señor , ayudando a los pobres , y contemplando el misterio divino de Cristo pues hay que recordar que María pertenece indisolublemente al misterio de Cristo y pertenece, además al misterio de la Iglesia desde el comienzo, desde el día de su nacimiento , por eso hay que alzar nuestra  mirada a nuestra Madre que reza al Señor por la unidad de todo su pueblo y que nos precede como perfecta testiga de la Fe.
La cooperación de María, participa por su carácter subordinado, dela universalidad de la mediación del Redentor único Mediador.
Debe quedar claro para todo cristiano católico que María nos es mediadora pues como lo he mencionado antes citando el documento el único mediador entre Dios y los hombres es Jesucristo nuestro Señor , nuestra Madre la santísima Virgen  María cumple un papel de suma importancia, pues ella intercede por todos sus hijos como lo hizo en las bodas de Canaán cuando Cristo comienza el misterio de su revelación divina, no obstante María asunta al cielo sigue intercediendo por todos nosotros , siendo ella redimida de modo eminente , en previsión de los méritos de su Hijo, colabora para que todos seamos redimidos en la única fuente de salvación, el sacrificio sublime de Jesús en la Cruz, ella es nuestro consuelo y Auxiliadora de nuestras necesidades.
El papa Juan Pablo II nos invitaba a conocer y a amar a María, por esto al final de su encíclica Redemptoris Mater decide proclamar el año Mariano al traer a recuerdo las enseñanzas de esta grande pastor de nuestra Iglesia hago un paralelo en cuanto al año de la Fe que propone el también grande pastor Benedicto XVI , pues los dos años a pesar de ser en épocas muy distintas, tienen mucho en común, ya que María avanzo en la peregrinación de la fe y como Abraham esperando contra toda esperanza creyó, así mismo todos los católicos en este año de le fe que su santidad nos invita a vivir deben creer contra toda desilusión del mundo actual. Qué sea el ejemplo y la compañía de la primera creyente María el que ayude nuestro camino de fe hacia el buen Dios.

LA CATEQUESIS EN UN RENOVADO PROCESO DE EVANGELIZACION


Hoy se presenta una situación muy particular en cuanto a la misión y a su necesidad de regresar sobre sus orígenes y su necesidad en la sociedad. Es de reconocer que la Iglesia necesita mostrar su identidad y de espíritu misionero, pues se han dado unos tiempos de cambios y el concepto de misión es muy variado y relativo en los cristianos del mundo moderno.
Primero se debe iniciar con crear conciencia en los cristianos, para que el lenguaje no se vea tergiversado, y podamos adquirir claramente lo que hoy la iglesia necesita de nosotros. Lo más importante es la disposición y la mirada global en los agentes de evangelización; a ellos nos solo deben llegar los ministros ordenados, puesto que la misión es de la Iglesia entera, y hay que tener claridad en que la Iglesia la conformamos todos.
 La Iglesia nos convoca a la misión, y nos entrega esta responsabilidad para darle un dinamismo a la vida y a la realidad eclesial, a la vez que ella nos manifiesta las diversas funciones y servicios, pues unos están llamados a responsabilidades más directas, y otros en cambio, a entregarse desde otra perspectiva eclesial. Entonces es cuando se nos presenta la Iglesia como “En el mundo para el mundo, al servicio del Reino”; en pocas palabras, se nos describe la proyección y la razón de ser de la Iglesia; de igual modo, se buscan las mediaciones para llevar este plan a buen término, lo que es una constante lucha para quienes se entregan al servicio, que son los quienes la realizan; se propone una manera de vivir la acción evangelizadora; se debe llevar y se debe comprometer al servicio y arriesgar a sacar adelante este propósito; y nos pide vivir el anuncio, con coherencia y testimonio de vida.
Es ahora cuando la acción del evangelio tiene una apertura y una manifestación estricta, pues el anuncio y la Buena Nueva que se va a proclamar debe llegar a quienes se les presenta el evangelio, debe transformar y generar impacto, debe mostrar rigurosidad y sentido de pertenencia de parte de los evangelizadores hacia la Iglesia, como Institución Divina; hoy es cuando el testimonio vale más que muchas palabras que podamos proclamar, porque esto es lo que debe caracterizar al cristiano, y es lo que debe dar a apertura a quienes no han aceptado aun la palabra de Dios y su divino plan de Salvación.
Entonces se manifiestan algunos ámbitos en los cuales todos somos íntegros, y que de una u otra forma debemos participar directamente en la acción evangelizadora; por ejemplo se presenta la Acción Misionera, que es el primer paso en la evangelización, y desde allí y inicia el anuncio a quienes no son creyentes o que viven religiosamente alejados, y en este momento es cuando ese anuncio debe testimoniarse, y debe manifestarse mediante diversas acciones como el dialogo, el servicio, la disposición, la caridad, y así, se pueda dar una conversión entre todos los pueblos.
Posteriormente se da una Acción Catecumenal, la cual comprende toda serie de actividades y de responsabilidades con quienes ya han escuchado el anuncio, pero que por diversas circunstancias se han alejado de la práctica, pero que ahora quieren regresar a ser cristianos,  o quienes ya han recibido ese primer anuncio de la Buena Nueva y quieren tener una iniciación cristiana. Es entonces donde se debe presentar la catequesis, y se ha de presentar una expresión de acogida por parte de la Iglesia, con una apertura y con sus debidos procesos de acompañamiento.
Después se nos presenta una Acción Pastoral, la cual se da por parte de la Iglesia y sus ministros, sus delegados y sus directamente responsables, pues es el campo donde de acción de estos agentes evangelizadores, y asi, ellos deben llevar el anuncio ejerciendo sus diversas funciones y son encargados de practicar aquello que predican, testimoniando con su estilo de vida, con coherencia en el anuncio, y haciendo partícipes a todos los fieles de las diversas celebraciones litúrgicas, como las predicaciones, los sacramentos, la vida en comunidad, el servicio y entrega, la caridad, entre otros.
Hoy, en nuestras comunidades, se debe buscar la manera de que se presente un diálogo de comunión y fraternidad, pues esto es reflejo de la práctica de los valores y de la unidad de la que tanto se habla entre los hombres. Y esta tarea debe ser tenida en cuenta como una prioridad, pues desde allí iniciará toda acción y practica evangelizadora, dando a conocer la cara de una Iglesia que busca el acercamiento con cada una de las culturas y sus diversas manifestaciones de superar fronteras que el mismo hombre ha creado, y que ahora hay un mensaje que nos quiere ayudar a sobrepasar estas barreras, no con violencia ni con la autodestrucción que hoy se presenta, si no con el acercamiento ya comunión fraterna que la Buena Nueva nos presenta.
Entonces para los evangelizadores de hoy, hay retos que cada vez serán más fuertes y que cada día requerirán más trabajo y compromiso, pues el campo de acción es muy grande, y aun hay personas que no han recibido ese primer anuncio del evangelio; la acción catecumenal debe practicarse y cada vez debe ser mas impulsada en nuestras gentes; todos los días se debe dar testimonio y se nos pide comprometernos con las tareas de celebrar y mostrar la parte de la Iglesia que acoge, que quiere tener en su seno a todos los hombres, y que más que una institución, se debe presentar como el Concilio Vaticano II la define, “sacramento universal de salvación”. 

Deus Caritas est


“Dios es amor; quien está en el amor, habita en Dios y Dios habita en él” (1 Jn 4, 16). Estas palabras, con las que comienza la encíclica, expresan el centro de la fe cristiana. En un mundo en el cual al nombre de Dios se le asocia a veces con la venganza o incluso el odio y la violencia, el mensaje cristiano del Dios Amor es de gran actualidad.  La Encíclica está articulada en dos grandes bloques. La primera ofrece una reflexión sobre el “amor” en sus diversas dimensiones -eros, logos y agape – precisando algunos datos esenciales del amor de Dios por el hombre y de la relación intrínseca que este amor tiene con el amor humano. La segunda parte trata del ejercicio concreto del mandamiento del amor al prójimo.
El término “amor”, una de las palabras más usadas y de las cuales más se abusa en el mundo de hoy; sin embargo, en la variedad de significados, sobresale el sentido del amor que se da entre el hombre y la mujer, que en la antigua Grecia recibía el nombre de “eros”. En la Biblia, y sobre todo en el Nuevo Testamento, se profundiza en el concepto de “amor” como un desarrollo que se expresa en la misa al margen de la palabra “eros”, en favor del término “ágape”, para expresar un amor oblativo. Esta nueva visión del amor, que es una novedad esencial del cristianismo, a menudo ha sido valorada de forma absolutamente negativa como rechazo del “eros” y de la corporeidad. Aunque ha habido tendencias de ese tipo, el sentido de esta profundización es otro.
El “eros”, puesto en la naturaleza del hombre por su mismo Creador, tiene necesidad de disciplina, de purificación y de maduración para no perder su dignidad original y no degradarse en puro “sexo”, convirtiéndose en una mercancía. La fe cristiana siempre ha considerado al hombre como un ser en el cual espíritu y materia se compenetran mutuamente, extrayendo de esto una nueva nobleza. El desafío del “eros” puede considerarse superado cuando, en el hombre, cuerpo y alma se encuentran en perfecta armonía.
Entonces el amor se convierte en “éxtasis”; pero “éxtasis” no en el sentido de euforia pasajera, sino como un estado permanente del “yo” recluido en sí mismo, hacia su liberación en el don de sí, y precisamente de esta forma, hacia el encuentro de sí mismo, y también hacia el descubrimiento de Dios: de esta forma el “eros” puede elevar al ser humano “en éxtasis” hacia lo Divino. En definitiva, “eros” y “ágape” exigen que no se les separe nunca completamente al uno del otro, al contrario, cuando más ambos, aunque en dimensiones diversas, encuentran su justo equilibrio, tanto más se realiza la verdadera naturaleza del amor. A pesar de que el “eros” inicialmente es sobre todo deseo, al acercarse después a la otra persona, se preguntará cada vez menos sobre sí mismo, buscará cada vez más la felicidad del otro, si donará y deseará ser para el otro: así se inserta en él y se afirma el momento del “ágape”.

En Jesucristo, que es el amor encarnado de Dios, el “eros”-“agape” alcanza su forma más radical. En a muerte en cruz, Jesús, donándose para levantar y salvar al hombre, expresa el amor de la forma más sublime. A este acto de ofrecimiento, Jesús le ha asegurado una presencia duradera a través de la institución de la Eucaristía, en la que, bajo las especies del pan y del vino, se dona a sí mismo como nuevo maná que nos une a Él. Participando en la Eucaristía, también nosotros somos implicados en la dinámica de su donación. Nos unimos a Él y al mismo tiempo nos unimos a todos los otros a quienes Él se dona; nos convertimos así en “un solo cuerpo”. De esta forma, el amor a Dios y el amor al prójimo están verdaderamente unidos.
El doble mandamiento, gracias a este encuentro con el “ágape” de Dios, ya no es sólo exigencia: el amor puede ser “mandado” porque primero se ha donado.
El amor al prójimo enraizado en el amor de Dios, más que tarea para el fiel, lo es para la entera comunidad eclesial, que en su actividad caritativa debe reflejar el amor trinitario. La conciencia de tal deber ha tenido relevancia constitutiva en la Iglesia desde sus inicios y bien pronto se manifestó también la necesidad de una cierta organización como presupuesto para su cumplimiento eficaz. Así, en la estructura fundamental de la Iglesia, emergió la “diaconía” como servicio del amor al prójimo ejercido de modo comunitario y de forma ordenada –un servicio concreto, pero al mismo tiempo también espiritual. Con la progresiva difusión de la Iglesia, este ejercicio de la caridad se confirmó como uno de sus ámbitos esenciales. La íntima naturaleza de la Iglesia se expresa así en una triple tarea: el anuncio de la Palabra de Dios, la celebración de los Sacramentos, y el servicio de la caridad. Son tareas que se presuponen mutuamente y que no pueden separarse una de otra.
También en la Iglesia Católica y en otras Comunidades eclesiales han surgido nuevas formas de actividad caritativa. Entre todas estas instancias es de augurar que se establezca una colaboración fructífera. Naturalmente, es importante que la actividad caritativa de la Iglesia no pierda su propia identidad, disolviéndose en la organización asistencial común y convirtiéndose en una simple variante, sino que mantenga todo el esplendor de la esencia de la caridad cristiana y eclesial. Por ello: La actividad caritativa cristiana, más allá de su competencia profesional, debe basarse en la experiencia de un encuentro personal con Cristo, cuyo amor ha tocado el corazón del creyente suscitando en él el amor por el prójimo.

La actividad caritativa cristiana, además, no debe ser un medio en función de lo que hoy viene señalado como proselitismo. El amor es gratuito; no viene ejercido para alcanzar otros objetivos. Pero esto no significa que la acción caritativa deba, por así decirlo, dejar a Dios y a Cristo aparte. El cristiano sabe cuándo es el tiempo de hablar de Dios y cuándo es justo hacer silencio sobre Él y dejar hablar sólo al amor. En este contexto, y frente la inminente secularismo que puede condicionar también a muchos cristianos empeñados en el trabajo caritativo, hay que afirmar la importancia de la oración. El contacto vivo con Cristo evita que la experiencia del desconocer las necesidades y de los límites del propio trabajo pueda, por un lado, empujar al trabajador a la ideología que pretende realizar lo que Dios, aparentemente, no consigue o, por otro lado, convertirse en tentación a ceder a la inercia y a la resignación. El que reza no desperdicia su tiempo, aunque la situación parezca empujar únicamente a la acción, y no pretende cambiar o corregir los planes de Dios, sino que busca –con el ejemplo de María y de los Santos- alcanzar en Dios la luz y la fuerza del amor que vence toda oscuridad y egoísmo presente en el mundo.