Hoy
se presenta una situación muy particular en cuanto a la misión y a su necesidad
de regresar sobre sus orígenes y su necesidad en la sociedad. Es de reconocer
que la Iglesia necesita mostrar su identidad y de espíritu misionero, pues se
han dado unos tiempos de cambios y el concepto de misión es muy variado y relativo
en los cristianos del mundo moderno.
Primero
se debe iniciar con crear conciencia en los cristianos, para que el lenguaje no
se vea tergiversado, y podamos adquirir claramente lo que hoy la iglesia
necesita de nosotros. Lo más importante es la disposición y la mirada global en
los agentes de evangelización; a ellos nos solo deben llegar los ministros
ordenados, puesto que la misión es de la Iglesia entera, y hay que tener
claridad en que la Iglesia la conformamos todos.
La Iglesia nos convoca a la misión, y nos
entrega esta responsabilidad para darle un dinamismo a la vida y a la realidad
eclesial, a la vez que ella nos manifiesta las diversas funciones y servicios,
pues unos están llamados a responsabilidades más directas, y otros en cambio, a
entregarse desde otra perspectiva eclesial. Entonces es cuando se nos presenta
la Iglesia como “En el mundo para el mundo, al servicio del Reino”; en pocas
palabras, se nos describe la proyección y la razón de ser de la Iglesia; de
igual modo, se buscan las mediaciones para llevar este plan a buen término, lo
que es una constante lucha para quienes se entregan al servicio, que son los
quienes la realizan; se propone una manera de vivir la acción evangelizadora;
se debe llevar y se debe comprometer al servicio y arriesgar a sacar adelante
este propósito; y nos pide vivir el anuncio, con coherencia y testimonio de
vida.
Es
ahora cuando la acción del evangelio tiene una apertura y una manifestación
estricta, pues el anuncio y la Buena Nueva que se va a proclamar debe llegar a
quienes se les presenta el evangelio, debe transformar y generar impacto, debe
mostrar rigurosidad y sentido de pertenencia de parte de los evangelizadores
hacia la Iglesia, como Institución Divina; hoy es cuando el testimonio vale más
que muchas palabras que podamos proclamar, porque esto es lo que debe
caracterizar al cristiano, y es lo que debe dar a apertura a quienes no han aceptado
aun la palabra de Dios y su divino plan de Salvación.
Entonces
se manifiestan algunos ámbitos en los cuales todos somos íntegros, y que de una
u otra forma debemos participar directamente en la acción evangelizadora; por
ejemplo se presenta la Acción Misionera, que es el primer paso en la
evangelización, y desde allí y inicia el anuncio a quienes no son creyentes o
que viven religiosamente alejados, y en este momento es cuando ese anuncio debe
testimoniarse, y debe manifestarse mediante diversas acciones como el dialogo,
el servicio, la disposición, la caridad, y así, se pueda dar una conversión
entre todos los pueblos.
Posteriormente
se da una Acción Catecumenal, la cual comprende toda serie de actividades y de
responsabilidades con quienes ya han escuchado el anuncio, pero que por
diversas circunstancias se han alejado de la práctica, pero que ahora quieren
regresar a ser cristianos, o quienes ya
han recibido ese primer anuncio de la Buena Nueva y quieren tener una
iniciación cristiana. Es entonces donde se debe presentar la catequesis, y se
ha de presentar una expresión de acogida por parte de la Iglesia, con una
apertura y con sus debidos procesos de acompañamiento.
Después
se nos presenta una Acción Pastoral, la cual se da por parte de la Iglesia y
sus ministros, sus delegados y sus directamente responsables, pues es el campo
donde de acción de estos agentes evangelizadores, y asi, ellos deben llevar el
anuncio ejerciendo sus diversas funciones y son encargados de practicar aquello
que predican, testimoniando con su estilo de vida, con coherencia en el
anuncio, y haciendo partícipes a todos los fieles de las diversas celebraciones
litúrgicas, como las predicaciones, los sacramentos, la vida en comunidad, el
servicio y entrega, la caridad, entre otros.
Hoy,
en nuestras comunidades, se debe buscar la manera de que se presente un diálogo
de comunión y fraternidad, pues esto es reflejo de la práctica de los valores y
de la unidad de la que tanto se habla entre los hombres. Y esta tarea debe ser
tenida en cuenta como una prioridad, pues desde allí iniciará toda acción y
practica evangelizadora, dando a conocer la cara de una Iglesia que busca el
acercamiento con cada una de las culturas y sus diversas manifestaciones de
superar fronteras que el mismo hombre ha creado, y que ahora hay un mensaje que
nos quiere ayudar a sobrepasar estas barreras, no con violencia ni con la
autodestrucción que hoy se presenta, si no con el acercamiento ya comunión
fraterna que la Buena Nueva nos presenta.
Entonces
para los evangelizadores de hoy, hay retos que cada vez serán más fuertes y que
cada día requerirán más trabajo y compromiso, pues el campo de acción es muy
grande, y aun hay personas que no han recibido ese primer anuncio del
evangelio; la acción catecumenal debe practicarse y cada vez debe ser mas
impulsada en nuestras gentes; todos los días se debe dar testimonio y se nos
pide comprometernos con las tareas de celebrar y mostrar la parte de la Iglesia
que acoge, que quiere tener en su seno a todos los hombres, y que más que una
institución, se debe presentar como el Concilio Vaticano II la define,
“sacramento universal de salvación”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario